Ponte en el lugar de quien decide. Te llega un reporte y, junto a un dato, una etiqueta: "confianza: 73%". ¿Lo usas? ¿Lo revisas? ¿A partir de qué número te fías — 80, 90? El porcentaje no resolvió tu problema; te lo devolvió, disfrazado de precisión.
Ese es el defecto de fondo del score: finge objetividad y traslada la decisión difícil de vuelta al humano. Parece un dato, pero es una pregunta sin responder.
Tres estados que sí se pueden accionar
Centro de Verdad no entrega un decimal. Entrega un semáforo:
- Verificado — puedes confiar.
- Por confirmar — falta respaldo.
- En conflicto — las fuentes no coinciden.
Tres veredictos, cada uno con la evidencia detrás a un clic. No es simplificar de más: es traducir la calibración interna —la opinión de creencia/duda/incertidumbre, los priors por fuente— a algo que una persona puede accionar en segundos. El trabajo difícil sigue ahí; solo que del lado correcto.
Un porcentaje te hace sentir que decidiste con datos. Un veredicto con su prueba te deja decidir de verdad.
Honesto sobre lo que no sabe
El score opaco promedia todo hacia un número tibio. El semáforo es honesto: cuando algo está en conflicto, no elige una fuente en silencio ni saca un promedio — te muestra las dos que no coinciden y te deja resolver. Cuando está por confirmar, no lo maquilla de "probable": te dice que falta evidencia.
Verificado · principio P5 — trazabilidad
La confianza no se comunica con decimales. Se comunica con un veredicto claro y la prueba a la mano — para que la decisión sea rápida y auditable, no una cosa o la otra.